Invierno Nuclear

Arte eléctrico

Publicado en General por guillermix en 17 junio, 2008

Bombilla de bajo consumo

Yo bajaba a comprar tabaco y me encontré al electricista contemplando un amasijo de cables que salía de un zócalo de la pared.

Se ve que había venido a cambiar la luz de la escalera, que ya empezaba a fallar y hacer cosas raras, y así lo deduje al verlo allí de pie. Pero me llamó la atención su forma de estar, con los brazos en jarra, mirando atentamente la maraña de cables, parecía que llevaba así un buen rato, como el pintor delante del lienzo en blanco esperando que le llegue la inspiración. Solo por eso ya parecía un tipo peculiar, pero luego lo vi, y no se si ya había decidido como esperaba que fuera, pero me recordó a un enano ingeniero salido de un libro de fantasía, con su mono azul y un juego de destornilladores en el bolsillo. Desde luego era bajito, aunque no tanto como para ser un enano medieval-fantástico, pero ya no pude evitar verlo así.

Me dijo al verme “hola soy el elecricista, he venido a arreglar la instalación de la escalera” y a continuación, sin esperar casi a que le replicara empezó a explicarme lo que estaba viendo. “¿Ves?”, me decía mientras me señalaba unos cables y unos cajetines que sobresalían de la pared, explicándome el efecto que el tiempo y un anterior y deficiente mantenimiento habían acabado haciendo. A continuación comenzó a contarme detalladamente lo que tenía planeado hacer: cambiar el cableado, poner interruptores nuevos en cada piso (“¿hay personas mayores en los pisos de arriba? ¿cuántos minutos debería ponerle al temporizador de la luz de la escalera? ¿tres están bien?”), cambiar la bombilla de la entrada (“la usan solo por la noche, ¿no? ¿pongo una bombilla de bajo consumo? ¿le parece bien de 23 vatios, que en realidad rinden como 100? Así podrán tener un poco de más luz incluso más allá de la puerta”). Yo asentía a todo algo abrumado, con mono de tabaco y realmente sorprendido de la energía y la pasión que le ponía el hombre al explicarte lo que iba a hacer. Me preguntó “¿tiene usted una escalera para cambiar la bombilla?”, le dije que sí, que iba un momento a por tabaco y que ahora se la bajaba.

Tardé unos 15 minutos en volver, y es que aunque el estanco está al lado de casa casi siempre tengo la mala suerte de coincidir con una legión de ancianos multitarea, esto es, echar la primitiva, la bonoloto de mañana y la del día siguiente, el euromillón, una caja de cigarros o un puro, ese no, mejor el de más arriba, no le han llegado todavía aquellos que le pedí, mira a ver si tengo algo, hay que ver nunca me toca ni el reintegro… Total, que tardé un poco más de lo que pensaba. Para cuando volví el electricista ya estaba colocando los interruptores. “Ahora le bajo la escalera” le dije, “muy bien”, me respondió concentrado en su trabajo, y luego comenzó a preguntarme mi opinión sobre los interruptores, si estaban bien, si no, que los había puesto de tal estilo porque eran más intuitivos de pulsar en la oscuridad pero que de todas formas tenían su lucecita para que no hubiera equívocos con los timbres de las puertas. Yo le dije a todo que sí, que me parecía bien, y la verdad es que me lo parecía, a pesar de ser nuevo en eso de analizar estética y funcionalmente los interruptores de la luz.

Luego le bajé la escalera y puso en la entrada la bombilla de bajo consumo, invitándome a que la probara en cuanto tuviera ocasión para que comprobara la luz que emitía. Le dije que lo haría, claro, como no iba a comprobarlo después de las maravillas que me contó acerca de esa bombilla. Luego se marchó, y yo me quedé pensando en que este hombre era sin duda el electricista más apasionado y perfeccionista que había conocido nunca.

Esta mañana regresó a primera hora, llamando a mi timbre (ya hay confianza). Yo estaba ya despierto, así que no me importó. Me dijo que le había llamado el presidente de la comunidad, que al parecer durante la noche la bombilla de bajo consumo de la entrada había dejado de funcionar. Yo le dije que creía que no, que había visto la luz encendida durante la noche, y que por cierto iluminaba estupendamente. Pero por lo visto a altas horas de la madrugada dejó de hacerlo, así que aquí estaba él para solucionarlo. Se le notaba algo mosqueado porque hubiera pasado tal desgracia, así que me pidió la escalera de nuevo y en diez minutos lo arregló todo. Al devolverme la escalera ya sonreía de nuevo, visiblemente aliviado por dejarlo todo como se suponía que tiene que estar.

Y se marchó tan contento, el artesano eléctrico, camino de su próxima obra maestra. No he bajado todavía, así que no he comprobado la bombilla, pero no me cabe ninguna duda de que funciona perfectamente.

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4 comentarios

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  1. Pabulo said, on 17 junio, 2008 at 14:34

    Me gusta mucho esa ficción cotidiana que practicas, más cuando no tiene instintos homicidas como “El fracontirador”, o tintes apocalípticos como la entrada del blog, la verdad. En este escrito veo una humanidad y hasta una ternura que no contemplo en los otros. Me recuerda a cosas de Millás o de Carver, ese estilo depurado, que no busca adornarse ni complicarse sino contar algo con sencillez, lo cual es muy complicado y que a mi también me gusta practicar. Se trata de encontrar la emoción en cosas aparentemente banales, pero cargadas de significado.

  2. Hastur said, on 19 junio, 2008 at 12:58

    A mi no me recuerda a nadie, supongo que soy más patan, literariamente hablando, que mi hermano (que para eso aspirar a vivir de escribir), pero si que antes de acabar de leer tu obra, la palabra artesano me saltaba una y otra vez a la cabeza. El placer del trabajo bien hecho por el gusto de hacerlo asi, el cuidado, el pundonor (que bonita palabra, no es cierto?) profesional, conceptos pasados de moda en esta epoca de lowcost, tiendas de todo a un euro, contratos basura y demas. Que alegria.
    Por lo demas, totalmente de acuerdo con mi hermano, me gusta mas leerte en clave positiva.

  3. elena said, on 24 junio, 2008 at 19:22

    Pues (como siempre y para no variar) discrepo de mis dos antecesores…me encanta tu estilo con “tintes apocalipticos” y sobre todo con “instintos homicidas”. En general me gustan la burla inteligente y la carcajada sútil y sagaz que emanan de tus relatos. Por que…se puede reir uno de todo de tantas maneras….
    Aunque es verdad, que historiias como la de este artesano o la del estanquero de tu anterior blog, llegan más lejos, calan.

    Besos a los tres

  4. Plástiko said, on 29 junio, 2008 at 19:43

    Me alegra mucho que lo de cerrar el otro blog se quedara en un susto. También leerte hablando de cosas cercanas y muy humanas, como siempre tienes mu buena mano pa escribir. Es un placer leerte Gui, cuidate tio, nos vemos en veranito hermano.


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