Real
Uno se deja llevar. No es que no piense, sino que no piensa tanto. Y es un alivio.
Un día cualquiera es un día interesante. Un día nublado, un buen día. Internarse en partes poco accesibles de la mente no lleva más que al abismo insondable de la duda. A perder el tiempo, vamos.
No echar de menos lo que dejas atrás es suficiente prueba de que uno está haciendo lo que debe. Recuperar la capacidad de sorpresa, volver a usar la mirada como un método de exploración y no de contemplación, usar los pies para andar a alguna parte, tener un rumbo, aunque no sea del todo claro. Finalmente aceptar y comprender que para ser, hay que estar.
Dejar de una vez que los demás completen lo que falta, sirve para darte cuenta de todo lo que faltaba.
Estar inmerso aquí y ahora era algo que había olvidado. Ser real, en último término, sienta bien.
Todo lo demás, ya se verá.


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