Invierno Nuclear

El sueño de anoche

Posted in General by guillermix on 22 mayo, 2009
Hoy tuve un sueño bastante curioso. Se lo conté a Aarón cuando íbamos de camino a hacer la compra, y al tomar la forma de palabras desde el recuerdo de lo que realmente llegué a soñar, se convirtió en un sueño realmente interesante y surrealista. Como todos los sueños, al recordarlo las escenas que lo componían no duraban más que unos segundos, pero antes del regreso a la vigilia parecía haber estado mil años viviendo aquella experiencia.
Estaba con una mujer desconocida y con Mario Benedetti. Este se encontraba a mi lado, recitándome poemas uno tras otro, sin embargo no entendía una palabra, pero parece que la cadencia con la que recitaba era relajante y suficientemente interesante por sí misma. De la mujer no tengo más recuerdo que el hecho de estar ahí, un poco detrás de nosotros acompañándonos, una testigo muda algo inquietante. Mientras Benedetti recitaba y la mujer misteriosa contemplaba, los tres caíamos en el vacío sin parar, un viaje hasta el suelo desde una considerable altura. Pero cuando parecía que nos íbamos a estrellar de pronto el escenario cambiaba, como una nueva pantalla en un juego de ordenador, y ahora estábamos cayendo sobre los picos nevados de una cordillera montañosa, y en vez de estrellarnos y desmembrarnos contra las afiladas rocas caíamos por una abertura natural formada en la montaña, y seguíamos cayendo de nuevo. No recuerdo nada más, pero me dio la sensación al despertar que estuvimos cayendo un buen rato. También recuerdo el miedo inicial que sentía al ser consciente de estar a punto de morir pero parecía que las palabras sordas de Bennedetti y la presencia de la mujer hacían que ese miedo quedase aplacado poco a poco.
Y ese es el sueño. Me acordé perfectamente al despertar, tal vez porque quedó interrumpido por las señales que mi cerebro recibió desde la vejiga alertando que ya estaba bien llena y con necesidad de ser evacuada (que me estaba meando, vamos), y parece que un despertar repentino en mitad de un sueño hace que pueda trascender la membrana de la realidad como una huella de dinosaurio en la orilla de un río puede trascender el tiempo.
Luego, cuando volví de mear (o de evacuar una ya más relajada vejiga) me volví a acostar, pero en lugar de continuar con aquel sueño, mi mente fabricó otro donde de repente me encontraba cruzando una plaza a la que habían puesto paneles de madera formando un laberinto en cuya salida se encontraba mi casa, pero resultaba que a mitad de camino me tropezaba en un pasillo estrecho con mi antiguo vecino del tercero, una de las pocas personas (o tal vez la única) a las que tengo cierto asco como ser humano, aunque probablemente me de más pena que otra cosa, y este tipo estaba en medio del pasillo celebrando una cena familiar en una gran mesa llena de comensales, y las sillas en las que estaban sentados impedían sin remedio que yo pudiera pasar y llegar a casa.
Supongo que después de un primer sueño bastante increíble y que me gustó bastante, el hijo de la gran puta de mi cerebro decidió compensarlo con otro bastante más desagradable, aunque no fuera del todo una pesadilla.
Y eso es todo.

Hoy tuve un sueño bastante curioso. Se lo conté a Aarón cuando íbamos de camino a hacer la compra, y al tomar la forma de palabras desde el recuerdo de lo que realmente llegué a soñar, se convirtió en un sueño realmente interesante y surrealista. Como todos los sueños, al recordarlo las escenas que lo componían no duraban más que unos segundos, pero antes del regreso a la vigilia parecía haber estado mil años viviendo aquella experiencia.

Estaba con una mujer desconocida y con Mario Benedetti. Este se encontraba a mi lado, recitándome poemas uno tras otro, sin embargo no entendía una palabra, pero parece que la cadencia con la que recitaba era relajante y suficientemente interesante por sí misma. De la mujer no tengo más recuerdo que el hecho de estar ahí, un poco detrás de nosotros acompañándonos, una testigo muda algo inquietante. Mientras Benedetti recitaba y la mujer misteriosa contemplaba, los tres caíamos en el vacío sin parar, un viaje hasta el suelo desde una considerable altura. Pero cuando parecía que nos íbamos a estrellar de pronto el escenario cambiaba, como una nueva pantalla en un juego de ordenador, y ahora estábamos cayendo sobre los picos nevados de una cordillera montañosa, y en vez de estrellarnos y desmembrarnos contra las afiladas rocas caíamos por una abertura natural formada en la montaña, y seguíamos cayendo de nuevo. No recuerdo nada más, pero me dio la sensación al despertar que estuvimos cayendo un buen rato. También recuerdo el miedo inicial que sentía al ser consciente de estar a punto de morir pero parecía que las palabras sordas de Bennedetti y la presencia de la mujer hacían que ese miedo quedase aplacado poco a poco.

Y ese es el sueño. Me acordé perfectamente al despertar, tal vez porque quedó interrumpido por las señales que mi cerebro recibió desde la vejiga alertando que ya estaba bien llena y con necesidad de ser evacuada (que me estaba meando, vamos), y parece que un despertar repentino en mitad de un sueño hace que pueda trascender la membrana de la realidad como una huella de dinosaurio en la orilla de un río puede trascender el tiempo.

Luego, cuando volví de mear (o de evacuar una ya más relajada vejiga) me volví a acostar, pero en lugar de continuar con aquel sueño, mi mente fabricó otro donde de repente me encontraba cruzando una plaza a la que habían puesto paneles de madera formando un laberinto en cuya salida se encontraba mi casa, pero resultaba que a mitad de camino me tropezaba en un pasillo estrecho con mi antiguo vecino del tercero, una de las pocas personas (o tal vez la única) a las que tengo cierto asco como ser humano, aunque probablemente me de más pena que otra cosa, y este tipo estaba en medio del pasillo celebrando una cena familiar en una gran mesa llena de comensales, y las sillas en las que estaban sentados impedían sin remedio que yo pudiera pasar y llegar a casa.

Supongo que después de un primer sueño bastante increíble y que me gustó bastante, el hijo de la gran puta de mi cerebro decidió compensarlo con otro bastante más desagradable, aunque no fuera del todo una pesadilla.

Y eso es todo.

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